¿Podemos alcanzar la paz interior?

En un mundo en sufrimiento y en guerra

Más allá de un simple camino individual, la búsqueda de la paz interior nos permite ayudar a los demás. ¿De dónde viene esa paz? Del Padre. ¿Cómo podemos alcanzarla? A través de la oración.

Un alma entre lobos

Destello divino, nuestra alma sólo puede vivir de amor. Es su únicoalimento. Pero, ha sido arrojada a un mundo de lobos en donde no reina la paz.El alma experimentará sus primeros desencuentros en el entorno familiar del niñopequeño. El alma se verá confrontada a la falta de amor. El sufrimiento apareceráy eso le impedirá actuar. Como consecuencia de esa falta de amor, el miedo seinstalará, para ser alimentado posteriormente por la angustia, por el estrés.

La paz de los hombres y la paz de Cristo

Para comprender lo que significa la paz interior, debemos caminar haciaCristo. La paz que Él nos da, la paz de la que Él nos habla, Él la enseñó a susApóstoles durante años. La paz de los hombres se registra en documentos.Transmitida por medio de escritos, entre jefes de gobierno y responsablesmilitares, esa paz tan efímera siempre se infringe ya que las guerras suelenestallar de nuevo en los lugares donde fue firmada.

¿Dónde se sitúa la diferenciaentre la paz de Cristo y esta otra paz? ¿Por qué es tan importante para elhombre? Sencillamente, porque se trata de nuestra propia vida interior. Nuestraalma, destello divino, ilustra la imagen perfecta de Dios Padre ya que hemossido creados a su imagen y semejanza, a partir de Él mismo y, por lo tanto,somos sus hijos.

Yvonne Trubert

A la edad adulta, rodeados por agresiones de todo tipo, y sin saber escuchar a nuestra alma, nosotros también responderemos con violencia. Los que no piensen como nosotros se convertirán en nuestros enemigos. El alma se encerrará cada vez más en nuestro cuerpo. Día tras día, descubriremos a través de los medios de comunicación los grandes sufrimientos del mundo, las guerras y las catástrofes. La inquietud nos invadirá. Entonces, anhelaremos la paz. Pero entonces, seremos incapaces de hallarla, ni siquiera la paz interior.

La oración nos reconecta con nuestra alma

¿Qué podrá devolver a esa alma prisionera, amurallada, fragmentada, el mensaje de amor que necesita para vivir? La oración. Del mismo modo que la música hace vibrar nuestros tímpanos, la oración hace vibrar nuestra alma. Es el lenguaje de Dios. Cristo viene a decirnos que oremos por las almas que conocemos, por las de nuestros amigos, por las de aquellos a quiénes amamos, pero sobretodo, por el alma de nuestros enemigos, de aquellos que están en contra nuestra. La paz interior sólo puede darse si comprendemos la inmensidad del amor que Dios siente por cada uno de nosotros. La oración es una apertura del alma, es amor en su estado puro.

Amar sin sufrir por el otro

La paz interior se instala de nuevo cuando nuestra alma vuelve a ser lo que era. Esto ocurre cuando dejan de afectarle las acciones de los demás, la bajeza y la cobardía, la agresividad o la hipocresía. Está ahí, presente, en nuestro interior, serena: le hemos dado el alimento que necesitaba. Lo cual no significa que no se sienta turbada por el sufrimiento ajeno. Uno puede llorar ante su desamparo. Pero es sólo una perturbación del alma. Deja correr esas perlas que son nuestras lágrimas como diciendo: «Ya está, estás en comunión con los demás.» Esta comunión consiste en llegar hasta el alma del que sufre sin cargar con su sufrimiento.

La paz equivale a darse a los demás

Centenares de muertes, de familias de luto, peleas por todas partes... todos estos sufrimientos existen. ¿Cómo podemos mostrarnos indiferentes? Para permanecer en paz ante tanto dolor, es preciso que alcancemos un estado de amor constante hacia los demás. La paz equivale al don. Mientras estamos en paz, podemos dar. Dar es compartir. Compartir es la oración, escuchar al otro, consolar, estar siempre junto a él cuando te necesite. La paz es aceptar en la humildad, todo lo que nos es enviado para que nos construyamos y poder llegar a amar totalmente a los demás con esa serenidad que nos pide Cristo.