¿Sabemos amar a nuestro cónyuge?

La pareja

Un hombre, una mujer. La pareja evoca inmediatamente la cuestión del amor. Pero después de las grandes declaraciones iniciales, la vida de la pareja se va desarrollando en lo cotidiano. Y el amor sólo se puede vivir en el momento presente.

Comprender, comprenderse

Cuando nos casamos, incluso teniendo cierta sabiduría, no sabemos en absoluto hacia qué nos comprometemos. La principal dificultad de la pareja reside en el hecho de que ignoramos totalmente quien es el otro, dado que ignoramos lo que somos nosotros.

El hombre es el prójimo de la mujer (y viceversa)

Los Fariseos pretendían que Cristo cayera en una trampa. Le preguntaban a menudo cuales eran las leyes de Moisés, o sea del Antiguo Testamento. Cristo intentaba siempre explicar y contestar de una forma bastante directa que era la suya, entrando en el núcleo de la cuestión y sabiendo perfectamente con quien estaba hablando. El había dicho: "Ama a tu Dios con todo tu cuerpo, toda tu alma y todas tus fuerzas". Y también: "Ama a tu padre y tu madre" etc. Conocemos las leyes. Dijo entonces: "Yo os doy otra ley: amaos los unos a los otros como Yo os he amado" y "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Por lo tanto Cristo sólo dejo dos leyes fundamentales. Y hace 2.000 años que no las sabemos observar. ¡Ama a tu prójimo como a ti mismo! Esto es el punto de partida de la pareja! Amar al prójimo, esto significa: si no sabemos quien somos, cual es el valor fundamental del hombre, es decir de lo que está dentro de nosotros, no podemos, si no es a través de una tremenda hipocresía, decir que amamos al otro, el otro siendo tan sólo el receptáculo de Dios al igual que nosotros mismos".

Yvonne Trubert

Es por tanto obvio que en el curso del matrimonio nos encontraremos con unas dificultades que no solamente no podíamos anticipar, sino también que nos superarán. La pareja se compone de dos seres que deben comprenderse. Un trabajo obstinado se inicia a través de este intento de comprensión: el conocer al otro a través de uno mismo. Nos vemos a través del otro.

Amar, saberse amado

El amor sólo es posible si vivimos nosotros mismos en el amor. Sólo podemos esperar ser amado si somos capaces de amar. Es preciso comprender todo lo que Dios pone en el hombre. Cuando El nos crea, la primera pulsión que nos da, es este amor que está dentro de El. Es un amor impalpable para nosotros. Sólo podemos mantenerlo si nos abrimos para hacernos amar por Dios. La primera conciencia consiste en saber que somos amados del Creador, para que podamos amar a nuestra vez.

El amor se conjuga en el tiempo presente

En una pareja el amor nunca es definitivo. Debe crearse en cada instante de nuestras vidas. Es una vibración que sólo tiene valor en el momento vivido. Sin embargo no suele ser a través de grandes cosas que aguanta el hogar. No es necesariamente a través de las grandes penas, las grandes pruebas o las grandes alegrías que la pareja se fortalece más, sino a través de miles de pequeñas cosas cotidianas, pequeños detalles, pequeños gestos, pequeños besos, en el respeto que consiste en ponerse totalmente en el lugar del otro para comprender lo que ama. LA primera noción de la felicidad, es hacer feliz a los demás.

El sufrimiento de las separaciones

"Si hemos vivido encuentros que no fueron ideales, sin embargo nos han brindado la posibilidad de entender cierto dolor fruto de la separación. El Señor nunca creó el sufrimiento: este sólo lo generamos nosotros mismos. Pero ya que existe, sepamos, por así decirlo, hacer buen uso de el. Tengámoslo como algo que nos atraviesa para aportarnos una dimensión diferente, el peso de una vivencia que nos enriquece y que no tendremos ganas de repetir en el futuro".

Yvonne Trubert

Cuantas más dificultades, más amor

Si existen dificultades en la pareja, es que sigue habiendo aún trabajo pendiente. Esto demuestra que no se ha ido al fondo de uno mismo, que aún no hemos visto lo que nos molesta, pues lo que nos molesta, impide al otro evolucionar. Quizás no hemos perdonado totalmente al otro, sino la pareja hubiera evolucionado ya mucho más. Es preciso comprender que mientras el hombre no se ha liberado de sus cadenas ancestrales, de sus angustias, de su estrés, no puede amar totalmente. Si no hubiera trabajo y luchas, no habría alegría.

La fidelidad ¿para qué?

La fidelidad no es para nada lo que uno cree. Nos enseña a estructurarnos en base a los valores del otro, a no soñar, no crear en nuestra imaginación unas leyes que quisieran hacer que otros compañeros serían mejores que el que hemos elegido. La fidelidad no consiste tanto en no engañar a su mujer o su marido. Lo que es grave, es apartarse del proceso divino. Se siente uno entonces desgarrado. Caemos en una auto destrucción pues va a entrar en juego la culpabilidad y esta crea angustia, miedos, agresividad. En la vida de una pareja nada debe permanecer en la sombra. Debemos amarnos ante Dios y ante los hombres del mismo modo. Con una conciencia afinada. A veces sólo ha bastado un solo segundo, una sola mirada para saber que teníamos algo que hacer juntos. Nos incumbe ir hasta el final de esta experiencia extraordinaria que es la pareja. Conduce a una realización y también a la revelación de lo que cada uno es y de lo que debe hacer con el otro.