9 dias en Luisiana
Para poder ayudar a nuestros amigos americanos, profundamente conmovidos por el derrame de petróleo en las aguas del Golfo de México, IVI organizó una itinerancia de nueve días de duración en Luisiana. Cada día estaba marcado por una sesión de vibraciones cerca de las aguas del Golfo.
Daniela, Jean-Philippe, Marie-Jo, Christine y yo mismo nos fuimos a Nueva-Orleans
el martes 10 de agosto. Permanecimos dos días en el barrio francés, que
no fue destrozado por Katrina. Al día siguiente de nuestra llegada, nos dimos
una vuelta por los barrios golpeados más duramente por el huracán. ¡Qué espectáculo más desolador, todas esas casas
abandonadas, con planchas de madera clavadas a las ventanas, la ausencia de
actividad… Rezamos y luego nos dirigimos a Huma para conocer la
asociación BISCO, que ayuda a todas las familias de los pescadores y a las
victimas de las consecuencias de esta marea negra. Asistimos a una
reunión en la que también participaron algunos representantes de la empresa BP,
y nos encontramos con los responsables de BISCO. Sharon nos presentó en la
asamblea y explicó los motivos de nuestra presencia ahí: los aplausos nos
llegaron derechos al alma…
Regresamos a Nueva Orleans donde se unieron a nosotros dos personas de IVI-México y también Brian, que volvió para vivir en la ciudad después de Katrina.
A orillas del Golfo, del lago, del pantano, del río…
13 de agosto – Después de un suculento almuerzo típicamente cajón (¡ de postre, tarta de queso, qué delicia!), nos encontramos con cuatro miembros de IVI-Washington y dos que vinieron desde Florida a la catedral de San Luis: las vidrieras narran su vida, su coronación, sus cruzadas y su muerte en Túnez. Una copia de su Biblia está expuesta, el original se encuentra en Toledo, España. Cada día hacemos una sesión de vibraciones cerca del agua.
14 de agosto – Con tres personas de IVI San
Luis (que se unieron a nosotros tras viajar... ¡30 horas en automóvil!) una de
Dallas y una de Nueva-Orleáns, hacemos una excursión por los bayús, esas
extensiones de agua formadas por los antiguos brazos y meandros del Missisipi;
los bayús se extienden sobre todo el sur de la Luisiana, formando una red
navegable de miles de kilómetros de longitud. La naturaleza es
espléndida: los árboles, las flores, los caimanes, los pájaros y siempre, el
agua… Después del almuerzo, hacemos vibraciones en un lugar de retiro “Lumini
Christi”, cerca de un lago, rodeados de libélulas.
Nuestro encuentro con los Cajun y los Indios americanos
15 de agosto –Ese día de la festividad de la Asunción, asistimos a misa en la parroquia Saint-Hilaire de Poitiers (muchos francófonos de Luisiana, los Cajun, vienen del Poitú) La misa es en francés y, de nuevo se anuncia nuestra presencia. El altar está decorado con útiles de trabajo de la tierra, de la casa, todo lo que hace parte de la vida de los Acadianos. Las mujeres llevan trajes tradicionales. El obispo dice la misa. Aún que sólo habla inglés, hace un gran esfuerzo para decir la misa en francés – excepto la homilía. Nos sirven tortas y refrescos a la salida; muchos vienen para agradecernos haber venido orar con y por ellos. Nos cuentan su vida y están felices de hablar francés porque cuando estaban en el colegio, les estaba prohibido hablar en su lengua maternal. Nos vamos para hacer una sesión de vibraciones en Grande Isle, en el mismo Golfo. Llueve, primero un poco y después más fuerte. A nuestro alrededor, las herramientas de los voluntarios que han venido a limpiar la playa prohibida cubren el suelo; un helicóptero sobrevuela y nos vigila. Algunos pelícanos vuelan a nuestro alrededor, vislumbramos tres delfines a lo lejos, termina de llover.
16 de agosto –Después de la oración, nos encontramos con Roch, un sacerdote indio. Vamos a hacer una sesión de vibraciones en su casa, en la que él participa con su amigo Jim. Todo resulta natural y sencillo. Después, disfrutamos de un maravilloso plato de cangrejos en casa de Jim y su de esposa Nancy. Nos invitan a rezar el rosario del grupo los Caballeros del Lunes, compuesto únicamente por hombres. Nos presentamos y hablamos de IVI, de lo que cada uno tiene que decir. El silencio es religioso… Luego, estalla una fuerte tormenta, impresionante, pero al final, volvemos sanos y salvos.
17 de agosto – Salida bajo la lluvia hacia la plantación Laura, un maravilloso guía nos cuenta la vida de los hombres y de las mujeres esclavas, sus condiciones de trabajo… las historias de las familias, la envidia, el poder, la crueldad…

18 de agosto –Nos encontramos con una comunidad de Amerindios en Dulac, que fundó una escuela para sus niños: durante años, los niños y los jóvenes no tenían acceso a al enseñanza. Jaimi comparte con nosotros su sueño de crear una escuela dónde poder transmitir toda la cultura amerindia, el conocimiento de las plantas, el idioma de los Humas, las danzas, la medicina… Empresas y ONG envían voluntarios para ayudarlos. Después del desayuno, nos vamos con John y Doris, la mamá de Jaimie, para hacer vibraciones en los pantanos. Rezan el rosario con nosotros. Una vez más, sudamos a raudales, pero los ángeles soplan para refrescarnos con un viento liviano, dulce y casi fresco: ¡gracias a todos ellos! Es importante saber que cada 38 minutos, esa región del país Cajun pierde tierras del tamaño de un terreno de futbol. Los árboles se mueren porque el agua salada entró en los pantanos. Los huracanes han destruido las casas que los habitantes reconstruyen sin cesar. Casi todos ellos son pescadores. Nos dan las gracias y nos piden que regresemos algún DIA.
19 de agosto – Día de salida. Audrey George,
nuestra anfitriona, nos ofrece un canto de despedida, sus ojos están llenos de lagrimas… Nos dirigimos hacia el aeropuerto y encontramos un
lugar para realizar nuestra última sesión de vibraciones en un pueblo llamado
“Los Alemanes”. Hoy, hace exactamente 5 años, Katrina devastaba la
región. Después, cada uno de nosotros viajamos hacia nuestros respectivos
destinos. Un aduanero, que nos observa desde hace un rato, nos mira
sonriendo y nos dice: “Love is in the air!” (“¡El amor está en el aire!”)
Compartir en toda libertad
Durante esta itinerancia, cada miembro tenía que una misión que
llevar a cabo. Lo más excepcional fue vivir la experiencia, cada día,
durante nueve días, de practicar las “tres llaves”, bases fundadoras de la
enseñanza de amor de Yvonne. Esta experiencia que nos ayudó a
descubrirnos los unos a los otros; a aceptar al otro tal como es y a respetar
lo que hace, lo que permitió que abriésemos, más todavía, nuestros corazones a esas
tierras. Los momentos que compartimos con todos los Americanos,
los Cajun, los Amerindios, fueron de una gran autenticidad y sencillez.
Les escuchábamos, interesados por lo que ellos están viviendo, y ellos también
quienes somos y lo que hacemos. Quisieron vibrar, rezar y ser
armonizados. ¡Qué libertad existía en ese compartir! Ellos esperan que
regresemos algún DIA, y les impresionó mucho constatar que gente de Francia,
de México y de varias ciudades de USA habían venido de tan lejos para orar con
ellos, para comprender sus problemas y para vibrar por el agua. A algunos
de nosotros nos impacto mucho su propia historia y la historia de la tierra en
la que hemos vibrado. Una anécdota divertida: estábamos rodeados de agua
(océano, río Missisipi, pantanos, bayús, lagos, riachuelos) y la lluvia caía y caía,
sin que pudiésemos sumergirnos y disfrutar de tanta frescura. Por suerte, casi
cotidiana lluvia casi nos sirvió de consuelo.
Nos alojábamos en una casa particular, deseábamos encontrarnos con personas ajenas a nuestra asociación. ¡Audrey y su hermana gemela Maudrey nos preparaban unos desayunos pantagruélicos, cada día distintos! Audrey organizaba nuestras excursiones, establecía contactos para ayudarnos, nos aconsejaba los lugares más óptimos para hacer las vibraciones: ella fue para nosotros, a la vez, una autentica madre y nuestra guía.
Ella había a muchas personas, entre ellas a los de la radio local,
sobre nuestra venida. ¡Cuando estábamos en los restaurantes o en los lugares en
los que hacíamos las vibraciones, las personas venían a vernos y nos
preguntaban si éramos el grupo que venía rezar por el Golfo! Ellos nos
agradecían nuestra presencia junto a ellos.
Gracias a todos aquellos que nos han apoyado en todo el mundo, a través de la oración, durante este bonito periplo.
Michèle







