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Aprender a amar a los demás, a la tierra y a uno mismo
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Prisiones visibles e invisibles

¿Somos acaso todos unos prisioneros?

El universo carcelario evoca para nosotros la tremenda imagen del encerramiento.
Sin embargo los muros más sólidos, somos nosotros quienes los hemos construido dentro de nosotros, a pesar nuestro. Pero el amor puede romperlos.

¿Los prisioneros han sido libres alguna vez?

La violencia está dentro del corazón del hombre porque se siente rechazado, mal amado, incomprendido. Por ello se quiere vengar de la sociedad. Todo empezó por el juicio, por el pensamiento. Se rechaza al que no entiende, al que no se ama, al que se sospecha, a aquel del que se duda. Sistemáticamente se le va a empujar a hacer las mayores tonterías.

El amor para abrir las cárceles

En primer lugar hay que comprender esto: si Cristo vino, es para darnos una lección de vida. No existirían prisiones si el hombre viviera en el amor. La prisión está a la imagen de la sociedad que es la que hace la prisión al verse obligada a protegerse contra ella misma. La sociedad, somos nosotros, sois todos vosotros. Por ello ha fijado unas leyes, unas reglas para protegerse de los asesinatos, de los robos, de las violaciones (…) Son unas leyes humanas que han fabricado las prisiones para encarcelar a todos aquellos que no obedecen sus leyes.
Cristo, El, nos dice: “Cuando estaba en prisión, viniste a visitarme; cuando estaba enfermo, viniste a verme; cuando tenía hambre, me trajiste comida; cuando tuve sed, me diste de beber”. Mientras seguiremos viviendo con leyes, habrá prisiones. Pero para abolir las leyes, debemos vivir de amor”.
Yvonne Trubert

Por nuestras formas de pensar, por la injusticia de nuestros comportamientos, hemos creado la delincuencia. Unos seres jóvenes o menos jóvenes van a seguir sus pulsiones hasta cometer un golpe fatal. Se les va a retirar su libertad. Las prisiones son necesarias, es verdad. Pero si hubieran sido verdaderamente libres antes de actuar, acaso hubieran elegido el lado rebelde? El que tenga que pasar ante la justicia ¿acaso llegará verdaderamente a entender lo que ha cometido? Uno puede dudar de ello. El encerramiento, sea cual sea, no aporta la solución del problema ni la luz suficiente sobre una carencia que se creó en el interior del hombre. Para el, siempre será una víctima y habrá padecido una injusticia.

La prisión interior

Cristo dijo: “Vine a liberaros”. ¿De qué liberación hablaba? De los Hebreos hacia los Romanos? De un enemigo potencial? No. Nuestro propio enemigo está dentro de nosotros. Nos encerramos en nosotros mismos. Al ser juzgados, nosotros también juzgamos. Utilizamos las mismas armas con las que nos han herido: la mentira, la cobardía, la hipocresía. Huimos. En todas las sociedades humanas, siempre es el otro que tiene la culpa. Nunca somos nosotros. La prisión, nosotros la preparamos, ladrillo sobre ladrillo y nosotros mismos nos encargamos de poner las rejas en nuestras ventanas.

El amor liberador

La prisión interior sólo puede debilitarse a través del amor de los demás. Los que son más gravemente prisioneros de ellos mismos sólo esperan una cosa: que se les ame por lo que son, tal y como son. Y no como uno quisiera que fueran. El cierre no es más que el cierre ante el amor. El ser humano teme amar porque esto le recuerda un amor materno a veces completamente castrador, esclerosado o un amor paterno ausente, pero rigorista, autoritario. Rechaza de golpe el amor porque se siente traicionado. Se le ha mentido sobre el amor. ¿Somos acaso conscientes que la calidad de nuestro amor podría hacerle cambiar?

Responsables pero no culpables

Responsable significa responder ante Dios de nuestros actos y pensamientos. Si somos honestos con nosotros mismos, lo seremos con los demás. Debemos tener la honestidad de abrir nuestro corazón. Escuchar a los que juzgan para volver a poner cada cosa en su sitio. Si accedemos a este estado de espíritu, podemos comprenderlo todo de los demás. Debemos depurar nuestras formas de pensamiento para no transmitir nunca una noción de culpabilidad a nadie. Así podrá intentar evitar convertirse en un culpable o una víctima.