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Aprender a amar a los demás, a la tierra y a uno mismo
10 invitation à la vie

¿ Somos acaso todos unos prisioneros? ¿Podemos alcanzar la paz interior? Ayudar a nuestros hijos frente a las drogas ¿Por qué trabajamos? Dios es humor ¿Sabemos amar a nuestro cónyuge? ¿ Por qué rezar? Ser o tener Otra mirada sobre nuestro cuerpo

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Aceptar amar la vida antes de comprenderla
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¿Por qué rezar?

Recitar oraciones, repetir palabras, frases, todo esto ésto parece muy mecánico … Sin embargo si lo hacemos con el corazón, es una llave que nos abre la comunicación con Dios, por el bien de todos.

Un acto de amor

Cuando rezamos ..¿qué hacemos? Hablamos con nuestro Padre. Sin intermediario. La oración es el lenguaje directo con Dios. A partir de ese momento El escucha. No se trata de rezar por rezar, de rezar por miedo o para demostrar que uno reza. Cristo nos pide que recemos por amor. Un amor incondicional. La oración que viene del corazón, ahí está toda la diferencia. La oración vuela y en ese mismo segundo recae como una lluvia de amor sobre aquellos a quien la enviamos.

La armonización es una prolongación de la oración a través de la mano

Es a la vez un mensaje de amor dirigido al alma y un gestual que se realiza sobre el cuerpo con una dulzura y un respeto infinito para apaciguar su estrés y sus tensiones. El que la recibe tiene una impresión de descanso, de paz y armonía interior que le permite encarar los compromisos de su vida con mayor serenidad y libertad.

La armonización no sustituye a ninguna terapia y se presta a cualquier persona que lo desea en los centros de Invitación a la vida.

Por nuestros amigos y nuestros enemigos

La oración es esencial para la supervivencia del hombre. No es palabrería. La oración es un acto, una energía desplegada por el bien de todos. Se expresa con vitalidad, como cualquier cosa que nos agrada y en la alegría y la conciencia de ser un hijo de Dios. Nuestras oraciones son importantes para nuestras familias, nuestros amigos, para aliviar a aquellos que sufren en los hospitales, en las cárceles, aquellos que se sienten solos, abandonados, olvidados, pero también para nuestros enemigos. Al liberarles de las cadenas que les atan, nos liberamos a nosotros mismos.

Confiar

La oración es una llave que nos lleva a otra dimensión. Para no cerrarle nuestra puerta, para no estrechar nuestro universo, conviene olvidarse de nuestras dudas, dejar de lado por un tiempo nuestro racionalismo. Nosotros rezamos, Dios hace el resto. Emitimos y el alma traduce. Uno no se dirige a un juez cuando está rezando, sino a un Padre que nos ama y nos pide sólo a cambio que confiemos en El. En cuanto la humanidad entienda esta filiación incondicional, cambiará totalmente.

Nunca más solos

A menudo vamos en busca de Dios muy lejos, a miles de kilómetros. Miren a los Hebreos: atravesaron el Mar Rojo para llegar a la montaña de Sión. Luego se dirigieron hacia Jerusalén, cuyo nombre significa “la ciudad del alma”, donde se hallaba Dios de forma permanente. Pero Jesús vino a romper este esquema. Quiso decirnos que Dios no está en la cumbre de las montañas, ni en Jerusalén. La ciudad del alma está en el interior de nosotros mismos. Te toca a ti buscarla, beber a su fuente, hacerte clarividente y buen oyente. Así es como Cristo llevó a la humanidad hacia esta posibilidad de comunicación con Dios sin intermediario. ¿Sabes acaso el privilegio que esto representa? Sin intermediario, significa que eres uno con Dios. Esto es lo que Cristo enseñó: “Yo estoy en mi Padre y mi Padre está en mí. Si yo estoy en ti y tu estas en mí, somos sólo uno”. Comprendiendo esto deberíamos sentirnos ya menos solos”.
Yvonne Trubert