Home de Invitación a la vida Aprender a amar a los demás, a la tierra y a uno mismo
Aprender a amar a los demás, a la tierra y a uno mismo
10 invitation à la vie

¿ Somos acaso todos unos prisioneros? ¿Podemos alcanzar la paz interior? Ayudar a nuestros hijos frente a las drogas ¿Por qué trabajamos? Dios es humor ¿Sabemos amar a nuestro cónyuge? ¿ Por qué rezar? Ser o tener Otra mirada sobre nuestro cuerpo

Lire les témoignages

Depresión:
Aceptar amar la vida antes de comprenderla
Bulimia:
Reencontrar el sabor de la felicidad

En un mundo en sufrimiento y en guerra

¿Podemos alcanzar la paz interior?

Más allá de un simple camino individual, la búsqueda de la paz interior nos permite ayudar a los demás. ¿De donde viene? Del Padre. ¿Cómo acceder a ella? Por la oración.

Un alma entre lobos

Chispa divina, nuestra alma sólo puede vivir de amor. Es su único alimento. Y resulta que ha sido arrojada a un mundo de lobos donde no reina la paz. Empezando por el ambiente familiar del niño pequeño donde el alma vivirá sus primeros choques. El alma se ve confrontada a la falta de amor. El sufrimiento aparece y esto le impedirá actuar. Como manifestación de la falta de amor, el miedo se instala, alimentado posteriormente por la angustia, el estrés.

La paz de los hombres y la paz de Cristo
Para comprender bien el sentido de la paz interior, hay que ir siempre hacia Cristo. La paz que El nos da, de la cual nos quiere hablar, la enseñó durante años a sus apóstoles. La paz de los hombres existe sobre el papel. Se transmite por escritos, por protocolos entre jefes de gobiernos, entre responsables militares. Esta paz nunca es duradera, además siempre se termina infringiendo ... las guerras vuelven a iniciarse en los lugares donde se había firmado la paz.

¿Cuál es la diferencia entre esta paz de la que nos habla Cristo y la otra? Por qué es tan importante para el hombre? Sencillamente representa nuestra propia vida interior. Estamos hechos a la imagen de Dios. Nuestra alma, chispa divina, es la imagen perfecta de Dios Padre, ya que procedemos de El, y por lo tanto somos sus hijos”.
Yvonne Trubert

A la edad adulta, rodeados por agresiones de todo tipo, y no sabiendo ya escuchar nuestra alma, vamos nosotros también a replicar por la agresividad. Los que no piensan como nosotros se convierten en enemigos. El alma se encuentra cada vez más encerrada en nuestro cuerpo. Día tras día descubrimos a través de los medios de comunicación los grandes sufrimientos del mundo, las guerras y las catástrofes. Nos llenamos de inquietud. Entonces queremos paz. Pero ya somos incapaces de encontrarla, ni siquiera para nosotros mismos.

La oración nos reconecta con nuestra alma

¿Qué va a poder devolver a esta alma prisionera, amurallada, fragmentada, este mensaje de amor que necesita para vivir? Es la oración. Del mismo modo que la música hace vibrar nuestro tímpano, la oración hace vibrar nuestra alma. Es el lenguaje de Dios. Cristo viene a decirnos que oremos por las almas que conocemos, por las de nuestros amigos, por las de aquellos a quienes amamos, pero sobretodo por las de nuestros enemigos, aquellos que están en contra nuestra. La paz interior sólo puede llegar si comprendemos la inmensidad del amor de Dios hacia cada uno de nosotros. La oración es una apertura del alma, es amor en su estado puro.

Amar sin sufrir por el otro

La paz interior vuelve a aparecer cuando nuestra alma vuelve a ser lo que era. Esto ocurre cuando deja de ser afectada por las acciones de los demás, por la bajeza y la cobardía, por la agresividad o la hipocresía. Está ahí, presente dentro de nosotros, serena: le hemos dado el alimento que necesitaba. Lo cual no significa que no se sienta turbada por el sufrimiento ajeno. Uno puede llorar ante su desamparo. Pero es sólo una perturbación del alma. Deja correr estas perlas que son nuestras lágrimas como diciendo: “Ya está, estás en comunión con los demás”. Esta comunión es acceder al alma del otro que sufre sin que estemos en estado de sufrimiento por el.

La paz equivale al don

Centenares de muertes, de familias enlutadas, peleas por todas partes .. todos estos sufrimientos existen. ¿Cómo quedarse indiferentes? Para permanecer en paz ante ellas, es preciso estar en un estado de amor tal que podamos seguir dándolo. La paz equivale al don. Mientras estamos en paz, podemos dar. El don es compartir. El compartir es la oración, escuchar al otro, consolar, estar siempre allí donde te necesita. La paz es la aceptación en la humildad de todo lo que se nos envía para construirnos y poder llegar a amar totalmente a todos los demás en esta serenidad que nos pide Cristo.