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Aprender a amar a los demás, a la tierra y a uno mismo
10 invitation à la vie

¿ Somos acaso todos unos prisioneros? ¿Podemos alcanzar la paz interior? Ayudar a nuestros hijos frente a las drogas ¿Por qué trabajamos? Dios es humor ¿Sabemos amar a nuestro cónyuge? ¿ Por qué rezar? Ser o tener Otra mirada sobre nuestro cuerpo

L‘association
Invitation ŕ la Vie ( IVI )

Bulimia:
Reencontrar el sabor de la felicidad

Otra mirada sobre nuestro cuerpo

Cuando todo va bien sólo pensamos en el cuerpo a nivel estético y cuando nos hace sufrir, tendemos a considerarlo como una mecánica un poco oxidada. …Y si lo mirásemos como el templo de Dios …

Responsables de nuestro cuerpo

Tomamos responsabilidades en nuestro trabajo, en nuestro hogar, pero ¿acaso nos paramos un instante para comprobar el estado de nuestro cuerpo? Nos hacemos responsables del mismo? Nos aseamos, rápidamente, tomando una ducha o un baño, luego nos vestimos, pero ni siquiera hemos prestado atención a lo que representa.

Amar su cuerpo

Creo que hay que comprender claramente dos cosas en el cuerpo humano: en primer lugar, amarlo y considerarlo como una obra maestra – es la obra de Dios, no es la nuestra. Ningún pintor, ningún escultor, ningún artista en este mundo es capaz de hacer un cuerpo humano y hacerlo vivir. Es la obra de Dios en toda su grandeza, en toda su belleza. Luego cuidarlo, es decir saber que sólo podemos servir a Dios si empezamos a mirar nuestro cuerpo de una manera diferente. El cuerpo debe vivir, pero debemos hacerlo vivir de la forma más sutil, dándole lo que espera de nosotros. Y es por amor que se lo vamos a dar”.
Yvonne Trubert

Nada puede sustituir al cuerpo humano. Es la más bella fábrica del mundo. Se nos ha dado para cuidarlo. Es un jardín, un paraíso si lo queremos considerar en toda su grandeza. Responzabilizarnos de nuestro cuerpo es tomar conciencia de su dimensión divina. Es el templo vivo de Dios.

Templo de Dios

“Dios creó el hombre a su imagen y semejanza” dice la Biblia. Esto significa que se esconde en lo más profundo de nosotros mismos. Cada uno de nosotros es portador de su vida. Somos el reflejo de Dios en permanencia. En todos nuestros actos, pensamientos, miradas, gestos, somos su reflejo. Somos sus hijos.
La primera cosa que debemos tener en cuenta cuando tomamos conciencia de que somos hijos de Dios, es esta belleza del cuerpo, ¡sea cual sea! Gordo, pequeño, flaco, joven o menos joven, esto no tiene ninguna importancia. El cuerpo permanece en su belleza. Cuidarlo no es sólo cubrirlo de pomadas y cremas sino por encima de todo facilitarle su alimento divino. Para vivir necesita el amor divino a través de la oración.

Reconciliarnos con nosotros mismos

Comprender nuestro cuerpo pasa por una reconciliación con nosotros mismos. Esto significa dejar de castigarlo, dejar de maltratarlo. Esta toma de conciencia es a veces dolorosa. A través de la enfermedad el cuerpo nos envía unos mensajes que debemos intentar comprender. El dolor que se expresa a través de nuestro cuerpo es lo único que nos permite parar. A nuestros ojos el templo divino pasa entonces por ser una mecánica oxidada. Pero sin el dolor el hombre nunca se tomaría el tiempo de hacerse preguntas sobre su estado de ser. La enfermedad es la ocasión de un caminar interior que nos llevará a una metamorfosis y nos enseñará a escuchar y a respetar lo que somos. Pero el dolor no es algo obligatorio. El hombre debería poder hacer tomas de conciencia sin necesariamente pasar por el dolor. Para ello empecemos comprendiendo que Dios nos dio un alma y un cuerpo, aprendiendo a conocernos en esta dimensión y sintiendo que Dios está dentro de nosotros. Amarnos.