El mensaje
¿Cuál es el mensaje de IVI? Es el de Cristo. Un mensaje de amor, de paz, de vida. Es una Invitación a la vida en toda su plenitud, en armonía con uno mismo y con los demás. Sin embargo este mensaje no se dirige únicamente a los cristianos. Va dirigido a todos, creyentes o no, sea cual sea su confesión. En efecto no se necesita ningún pasaporte espiritual para vivificar ese don que existe en cada uno de nosotros: el amor. Ahí está todo el aprendizaje y toda la aventura que se va a vivir en los grupos, ayudados por la oración.
Descubrir la oración
Cada uno en este mundo vive por debajo de su potencial si no se vincula con Dios
El vínculo infalible que tiene la ventaja de poder practicarse cotidianamente, en cualquier lugar, es la oración. La oración, es el privilegio de comunicar con Dios sin intermediario, confiar todo a este Padre que ama sin restricción, si bien tiene que llegar a ser una experiencia tangible percibida inmediatamente en su ser. Y esto es lo que descubrimos en Invitación a la vida.
Descubrir nuestra alma
« Dios creó el hombre a su imagen », nos dice la Biblia. Esta imagen no refleja la apariencia de Dios, puesto que Él es invisible para nosotros, sino su esencia. El alma es esta identidad divina que está dentro de nosotros, nuestra identidad profunda. Aprender a conocerla, sentirla vibrar cuando rezamos, cuando amamos o somos amados, sentirla retractarse cuando surgen nuestros temores o angustias, esto da a nuestra vida unas nuevas referencias y otra dimensión.
Perder los miedos
El miedo al futuro, al paro, a la soledad, a envejecer, a morir… Son innumerables los miedos a los que se enfrenta el ser humano, reforzados por la incertidumbre profunda generada por la crisis económica de este principio del siglo XXI. Aprender a conocerse es también aprender a reconocer los miedos que nos habitan. Sin embargo, la confianza y la fe son el contrario del miedo.
Adquirir una confianza total en Dios, quien nos ama, significa estar seguro que con su ayuda se pueden salvar todos los obstáculos. Perder los miedos, es poner su esperanza en Dios, avanzar, ir hacia el otro e integrarse en el mundo con toda la confianza.
Ir hacia los demás
Al descubrir nuestra alma, cambiamos la mirada que tenemos sobre nosotros mismos y también sobre el otro: ya no es un extranjero, sino un ser al que estamos fraternalmente unidos. Nos corresponde buscar este vínculo con su alma, en vez de juzgarle o criticarle. Como nosotros, él necesita ser amado y escuchado. “Si hacen el experimento de interesarse por los demás, dice Yvonne Trubert, entonces entenderán cuál es el sabor de la felicidad.”
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